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Estás en: home » películas » película Antes del Atardecer Antes del Atardecer (Before Sunset, EUA, 2004)
Por Alex Un (anhelado) regreso a las emociones "It was for you just a one night thing But you were much more to me Just so you know ..." A Waltz For a Night
Nueve años de diferencia, sí; pero, finalmente, tras ese encuentro de verano en donde todos los románticos del mundo dejamos nuestras esperanzas soñando con la posibilidad de que volviesen a verse, Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) se encuentran otra vez, tal como prometieron en la cinta Antes del Amanecer (Before Sunrise, 1985), y aún sin ser en Viena y sin ser seis meses sino nueve años después, el momento del encuentro está aquí, con todo lo que ello conlleva. Ahhh... Encuentro. Reencuentro. Un momento natural, sin reproches, casi como si fuese trivial, como una forma de recalcar que en el fondo se trata de las mismas personas, como si nueve años no fueran causa para olvidarlo todo, como si el libro que lleva a Jesse a París no contara cierta historia sobre cierto encuentro con cierta mujer francesa, y como si Celine no hubiera aparecido justo por esa causa, por saber que el autor del libro (y de la anécdota común) estaría ahí, en la ciudad donde ella vive ahora, recordándole el encuentro de ese verano, el momento vivido, recordándole el cúmulo de vida que se respiraba en Viena aquella tarde hace años. Nueve años. N-u-e-v-e largos años y ahora el reencuentro, de donde sale la pregunta obvia: Si no se vieron antes, ¿llego alguno de ellos -o ambos- a Viena, 6 meses después del encuentro previo, tal como acordaron? La respuesta está en la cinta (obvio que aquí no lo diré), y a lo largo de esta historia, de este poema visual escrito a 24 cuadros; la respuesta está en todos los diálogos, en todas las canciones, en toda el agua que fluye por ese río de dos, por ese flujo de amor que puede respirarse sobre el Sena, la respuesta está dentro de ellos pero también dentro de nosotros, los espectadores, que –como los críticos literarios, ese público cautivo en la librería- tenemos la última palabra ante la opción, ante ese momento donde el rencuentro confirma lo cursi, lo románticos, lo realistas, lo fríos o lo racionales que podemos ser... París. Es casi imposible pensar en otro sitio de encuentro, y la constante se mantiene: una ciudad europea, caminatas y diálogos, y una sola tarde, ahora menos tiempo aún, y sólo un breve lapso de hora y media en el que Jesse y Celine deben explicar, preguntar, conversar y descubrir, maquillar, mostrar, resurgir como el fénix o morir -como la misma ave mágica- tras mucho fuego de años antes. El marco de un Sena y sus orillas, los cafés mágicos y las callejuelas que aparecen son un dibujo perfecto de la magia que se quiere narrar, y del tono real de la cinta: la luz reflejada, el aroma húmedo, el café, el toque maravilloso de la caminata... todo está aquí, y todo lo que en esa ciudad parece estar puesto justo para este tipo de cuestiones, para amar, para recordar, para ilusionarnos, dejarnos llevar como el agua del río, dejarnos soñar en la contemplación de sitios así de hermosos. Y como el río, un hilo conductor, un hilo hacia esa realidad donde la verdad debe salir a la luz, nos lleva a pensar en cuestiones tan amplias como las nociones clásicas de si existe o no eso llamado “amor de la vida”, o si la realidad, en su paso abrumador, nos ofrece algún momento de retorno, alguna desviación hacia ese punto donde dejamos de ser nosotros mismos para convertirnos en una imitación aceptable (o grotesca) de ese yo idealista que se ilusionaba con las cintas de amor, y que puede aún escribir sobre el amor mismo, o ser activista de causas perdidas o ganadas día a día. Ahh... l’amour... Se trata probablemente de la secuela más romántica jamás filmada y, al mismo tiempo, una cinta invadida de una realidad que complementa el amor y no pelea con él, una realidad de madurez, de ternura, de simplicidad, de pequeños detalles y oportunidades. Adulta, reflexiva, tierna, inteligente: una continuación, un canto, una muestra vigente de un amor que ha madurado, una oportunidad, un viaje al reencuentro con nosotros mismos, con ese yo romántico que vive bajo la realidad del día a día anhelando salir otra vez. Desde el inicio, y a pesar de unos créditos convencionales que marcan claramente que no se trata de parafernalias, el ritmo es inusual: momentos, sitios, una especie de déjà vu por adelantado, un marco de lo que vendrá, una serie de pausas para un viaje detallado, un viaje de secuencias largas, de tomas únicas, de persecución, de diálogo extenso, y de steadycam permanente, un viaje natural, un tono tan íntimo en la persecución que le hacemos a la pareja que resulta extraño sentir casi como si nos movieran la silla para sentarnos a acompañarles. Una historia de tiempo real, un cronómetro de emociones, una pauta clara de la extensión real de este momento, y un logro narrativo tremendo, con viajes permanentes, y esa hermosa rive gauche como marco luminoso del todo. En términos fílmicos, una joya, dirección, actuación, fotografía y música, todo en una selección adecuada, que cierra con un tono tremendamente poderoso. Como dato inusual, y tras su animada aparición como personajes en la cinta Waking Life, del mismo director, Richard Linklater, los dos protagonistas se le unieron en la componente de guión (una grata sorpresa y una idea tremenda en términos narrativos y de desarrollo de personajes para los dos estelares), y el resultado es este cúmulo de ensueño y magia. Los diálogos, ácidos y humanos, románticos y realistas, fueron trabajados por los actores/personajes, de modo que todo cuadra. Al ser una segunda parte, o algo así, creo que es importante decir que sin ser un requisito el conocer la cinta previa para disfrutar esta cinta, es obvio que será disfrutada más por los que conocen su preámbulo, al igual que por aquellos que han tenido la fortuna de caminar por esos lugares, reforzando el momento narrado con imaginería propia. ¿El final? Una joya, un momento único, un tributo al jazz, a las costumbres, un canto hermoso que se funde con la guitarra, con nuestros recuerdos, con el futuro, con la certeza de que nada, nada, será igual que antes... Quizá sea la secuela más creíble jamás filmada, y en definitiva se trata de una de las mejores experiencias del año. Plena de diálogos, de seguimientos intensos, de amor en un escenario obvio para el tema, la cinta es maravillosa. Una experiencia de vida inigualable, una historia enriquecedora, un final inolvidable y perfecto. Magistral, una obra maestra. Viva el amor, viva París, el jazz, los callejones, la nostalgia, Nina Simone... Comentarios para esta columna que pasea, en sus recuerdos, por el Sena; pensando en el amor y la vida que subyace en el olor a café... Barcelona, 23 Septiembre 2004
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Antes del Atardecer
(Before Sunset)
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