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Estás en: home » películas » película El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (Lord of The Rings: The Fellowship of the Ring, Nueva Zelanda/EUA, 2001)
Por Alex
Señoras y señores, rindan paso al poseedor del Anillo Único, al visionario y aguerrido hombre que convenció al mundo de su valía, y que probó acertada la elección y el riesgo de jugar con las historias del padre de la Fantasía Moderna, al forjador de espadas que antes fueron rotas, al guerrero élfico y al mago: el director (¡Larga Vida!) Peter Jackson. Sr. Jackson: ¡vaya valor! (¡vaya par...!), y ¡vaya logro!... La espera será larga pero usted la ha hecho válida ... Esta espera es muy distinta a la de los episodios faltantes de Star Wars, donde no sabemos lo que ocurrirá, ya que los libros restantes del Señor de los Anillos son más que conocidos, pero ese detalle es quizá el elemento más "contradictorio" de la hazaña de Jackson: todos sabemos lo que sigue, todos sabíamos que el primer tomo termina de forma angustiante, y sin embargo todos salimos del cine con la necesidad de saber más, de ver más, de continuar y de verlo todo... todo.... Pero alto. Un poco de calma, unas lembas y un canto élfico para detener el tren de ideas del que soy víctima, hablemos de la cinta... La película, como debiera ser sabido por todos, es el primer volumen de la trilogía. Después de una secuencia oscura en la que se nos describe la historia y origen de un Anillo mágico, La comunidad del Anillo nos muestra la Comarca, el lugar de clama y tranquilidad donde Bilbo Bolsón (Ian Holm) celebra su cumpleaños 111, junto con su sobrino Frodo (Elijah Wood) y el Mago Gandalf (Ian McKellan), y donde la celebración termina por volverse una revelación: el momento de Bilbo para dejar la Comarca ha llegado, y ha dejado a Frodo todas sus posesiones, incluyendo un anillo mágico que hace invisible a su portador... Sin embargo, ojalá se tratase de un anillo mágico 'solamente' y no del Anillo Único, aquel que fue forjado por Sauron -el Señor Oscuro- en el Monte del Destino, pues los Jinetes Negros, sirvientes de Sauron, buscan el anillo y a su portador, y las fuerzas del mal están iniciando algo que cambiará el destino de la Tierra Media: si el anillo cae en las manos de Sauron, una Segunda Oscuridad será inevitable... Así, toca a Frodo una misión difícil: el portador debe ayudar a destruir el Anillo, y el camino apunta directamente a las tierras de Mordor, los dominios de Sauron. En este viaje hacia su destino, Frodo es acompañado por su fiel sirviente Sam (Sean Astin), y por dos hobbits más: Merry (Dominic Monaghan) y Pippin (Billy Boyd), y el grupo aumenta hasta convertirse en una Compañía que representa a las razas que enfrentarán a Sauron: los humanos Aragorn (Viggo Mortensen) y Boromir (Sean Bean), el mago Gandalf, Legolas el elfo (Orlando Bloom) y Gimli el enano (John Rhys-Davies). Juntos, los nueve miembros de la Compañía enfrentarán el acecho de los jinetes, los espías de magos enemigos, y los peligros de orcos, trolls y criaturas olvidadadas... Nieve, bosque, ríos y minas, todo está aquí, en el recorrido, y es sólo el principio de un viaje... El primero de tres libros, y el primero de dos intermedios fílmicos navideños: La entrega 2 de la trilogía será en Navidad del 2002, y la última en la del 2003. Ahora sí retorno al tema inicial y al significado de esta obra fílmica: Llevar a la pantalla un libro de millones de lectores, una historia épica clásica, un símbolo de la literatura del siglo XX, el libro del siglo (y del milenio, para muchos) y un sinnúmero de etcéteras, no es una cosa trivial... La clásica lucha del bien contra el mal del Señor de los Anillos se publicó originalmente en 1954 y 1955, y aunque no es la primera vez que se lleva a la pantalla (los fans saben de la versión animada de 1978 que no tuvo el resultado esperado), se da en un contexto increíblemente difícil para cualquier realizador: las expectativas no son sólo grandes: son en realidad ilimitadas y terribles; la responsabilidad de filmar en casi un año las tres películas no es una labor sencilla (ni de logística ni de planeación, ni de reparto ni de presupuesto) sino algo titánico: algo digno de un Frodo yendo hacia el Monte del Destino para cumplir una tarea casi imposible; la cuestión visual no es trivial en estos días: la imaginación de millones de lectores no es fácil de igualarse, y eso sin llegar siquiera a considerar que los que vamos al cine tenemos estándares cada vez mayores para valorar una realización en términos de FX y de escenarios y trucaje... Pensemos en la labor de esta película: 274 días de filmación, más la postproducción asociada, no es poca cosa... Si le sumamos el monto de 400-500 millones de dólares (la cifra es incierta) como presupuesto que incluye publicidad y gastos complementarios (270 fueron sólo de producción), y el riesgo -y reto- de pasar a la pantalla una visión poderosa y tremendamente compleja, podemos -de entrada- reconocer el valor de New Line (una empresa de AOL Time Warner), que fue aún más grave que lo ya descrito: la filmación sería en Nueva Zelanda (en términos de expectación es conveniente un sitio aislado, pero en términos de confianza digamos que la jugada fue osada y valiente), y el director sería un local neocelandés cuyo único logro fue mediano (y no hablo de los Hobbits): Heavenly Creatures... ¡Vaya idea! ¿La genialidad del proyecto justificaba los riegos pese al reto? En términos de cine y del gusto y gozo de llevar una visión tal a la pantalla de forma digna, puedo decir que todos los que amamos el cine apoyaríamos la decisión, pero también sabemos que el dinero y el riesgo es lo que juega el rol principal, y ahí el valor y la idea romántica de filmar el más grande drama épico de todos los tiempos (o algo equivalente, si creen que exagero) no tiene importancia: el riesgo económico existía, pese a los millones de fans que podrían convertirse en los peores detractores de una idea de estos rangos... No sé qué hizo Jackson, pero convenció a las personas correctas de filmar en locaciones de Nueva Zelanda, delineando una Tierra Media en todos los sitios posibles, trasladando un crew inmenso, y haciendo desde cero una cinta épica de proporciones justamente iguales: épicas... en la escala más arriesgada del adjetivo. Por si esto no fuese suficiente, entramos en un tema asociado y obvio: ¿cómo se reduce el clásico a algo filmable y narrable en tres horas o más por película?... Es decir, se trata de una adaptación, de modo que Jackson y los co-escritores (Fran Walsh y Philippa Boynes) se enfrentaban a condensar casi un millar de páginas y traducirlas en un guión coherente y cinematográfico. ¿El resultado? Una joya que hasta los fans y seguidores extremistas reconocerán como un trabajo soberbio: la historia de esta primera entrega fluye con las pausas adecuadas, y aunque hay ciertos detalles cuestionables (como en toda adaptación), los méritos opacan las partes menos trabajadas: la elección de tomas condensadas o reducidas es adecuada y fluida, y el rol de Arwen se expandió para dar un tono de romance y ampliar la presencia femenina en la historia, algo que Tolkien, al autor original, no tenía muy en cuenta en sus historias. La aventura lograda en términos fílmicos es una delicia: la trilogía es en primer término una aventura, y la cinta toma todas las letras de esta término para mostrarnos y saturarnos de todo lo imaginable: uno no ve la Tierra Media, uno se adentra en ella... La imaginación del director nos traslada al lugar y al momento, a la historia y al conflicto, y eso es un mérito que no todos los directores hubieran logrado... La aventura implica acción y momentos de pausa y reflexión, y así las transiciones de la Comarca a Rivendel a Moria (uno de los mejores momentos del filme) y al encuentro con Galadriel son una antesala perfecta para la batalla que marca la separación de la Compañía: la muerte honrosa de Boromir, la caída de Gandalf, la decisión de Frodo, la correcta modificación el guión para hacer más explícita la reflexión de Frodo en sus decisiones... ¡Ahh! ¡Qué maravilla!, ¡Qué logro y mérito!... Es obvio que hay algunas cosas que no son perfectas, pero el global es tan intenso y tan bien logrado que eso es secundario... Jackson nos lleva con una destreza comparable con la de Gandalf en las minas, y conuna precisión y un buen ojo que sólo Legolas podría igualar... el valor de la cinta es como el de Frodo, y el arrojo y orgullo de Tancos está presente desde los primeros acordes y cuadros... Todo, todo, hasta los nombres que he omitido, están ahí y son parte de la cinta.... Si la historia de Frodo habla de la importancia de la hermandad y la necesidad de fuerzas dentro de uno mismo para salir adelante, digamos que la labor del director es un digno equivalente, y la comunidad es su equipo de producción y reparto, pues casi un año se dice muy fácilmente pero significa mucha, mucha convivencia... La Tierra Media de la cinta es impecable: todo se vale: miniaturas, diseño de producción magistral, cámara con posiciones y trucos ópticos simples para dar la idea de las relaciones de tamaño de los personajes (¡una maravilla! Pese a lo que crean, no todo fue trucaje vía capas, hay muchas tomas que sólo dependieron de la óptica para haber sido logradas), y obviamente hay CGIs, pero no en demasía, un recurso que hubiera sido simple pero que el director evitó donde pudo lograr su visión sin esa tecnología (y ganó en secuencias realistas)... una joya por donde quieran verla... La fotografía. Maravillosa, es de Andrew Lesnie (Babe y similares, reconocido en tierras Australianas), y el score es de un versátil Howard Shore con canciones de Enya... En este apartado, la música es tan buena que no tiene ni siquiera que recurrir a sí misma para ser épica, heroica y grandilocuente... sutil y efectiva, deliciosa. Los actores: difícil elegir a los mejores ya que en general todos son sobresalientes... Me quedo con el convincente Frodo, definitivamente con el poderoso Gandalf, también con el peculiar Bilbo, la hermosa Arwen (Liv Tayler, breve pero bien lograda, pese lo que puedan creer), y con la maldad de Saruman (Christopher Lee)... Cate Blanchet en su rol de Galadriel es también aceptable... Los detalles para los seguidores de Tolkien están ahí, desde los escenarios hasta los broches de las capas élficas, pero los no-iniciados y los que aún no leen la obra pueden verla y comprenderla en forma general... A mi juicio, sin embargo, la cinta se disfruta miles de veces más después de haber leído la historia, y puede ser tremendamente compleja como para pretender que la cinta será la única referencia sugerida... Si las entregas siguientes, Las Dos Torres y El Regreso del Rey son la mitad de buenas que esta, estaremos hablando de una nueva leyenda, una historia que opacará todas las cintas del género, y que no sólo es un más que digno ejemplo de haber llevado la historia a la pantalla, sino un ejemplo y un parteaguas, no sólo de la fantasía sino del cine en general... Una maravilla.... Comentarios para esta mágica y legendaria columna, invitaciones al cine, a cenar, a la Comarca... Barcelona, Diciembre 2001
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El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo
(Lord of The Rings: The Fellowship of the Ring)
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