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Estás en: home » películas » película Monster's Ball / El Pasado Nos Condena Monster's Ball (EUA, 2001)
Por Alex
Tres generaciones de guardias penitenciarios (en concreto, del grupo de los policías que llevan a la silla eléctrica a los que serán ejecutados, y que se encargan de ver por su última voluntad) en algún lugar del sur de los EUA: un abuelo retirado y con enfermedad respiratoria, un padre que vive sin un fin fijo en la vida, y un hijo que trata de dejar los fantasmas y cargas que sus antecesores siguen manteniendo. Sonny es el más joven, su padre Hank tiene una disciplina estricta, y el abuelo Buck tiene sólo odio hacia los negros, lo que en el momento inicial, previo a la ejecución de Lawrence, un maleante negro, marca claras pautas y respuestas. ¿El problema? El destino -el cruel guionista del drama humano- une a Buck y a Leticia, la esposa del muerto Lawrence, lo que en un microuniverso de racismo, de muertes y de soledad, implica que no será sencillo nada de lo que siga... No importa si Sonny tiene poco en común con su padre (quizá sólo el sexo con una prostituta, en la misma posición en una escena degradante, por ejemplo) y él sí se relaciona con negros, no importa si no puede lidiar con la última caminata de Lawrence rumbo a su muerte (que se muestra explícita en la silla, por cierto, lo que nos recuerda a cintas como The Green Mile), no importa si Hank vive como si nada importara bajo la aparente idea de que se encarga de hacer aguantables los últimos momentos de la vida de un hombre, y tampoco importa si el gordo hijo de Leticia camina en las calles con poca precaución, o si ella tiene o no dinero para pagar la renta y no perder su casa: nadie en la historia estaba preparado para enfrentar todas las implicaciones de una muerte (o dos) y nadie estaba preparado para el conflicto emocional de quien pierde algo valioso ...o lo encuentra. El dolor, la soledad, y vidas relacionadas de algún modo y sin quererlo, es el elemento de redención y de madurez de un par de personas: Hank ya llegó a un punto en donde no puede pretender que nada pasa, y después de una afirmación infame y brutal hacia su hijo ("sí, te odio, siempre te he odiado") y lo que sigue, y después también de sacar de su vida la parte racial intensa (en un traslado físico donde su rostro dice más que el hecho mismo de reconocer que hay obstáculos en su vida que le impiden liberarse totalmente), intenta cambiar (de empleo, de vida, de visión de la vida) e intenta romper esa soledad, en los brazos (y resto del cuerpo) de Leticia. Por su parte, ella sigue -hasta el final de la historia- un camino arduo y sinuoso, un mundo de pobreza, empleos perdidos, casas por perderse, problemas familiares, y necesidad afectiva tras años de encierro de su marido. La combinación, aún interracial en ese microuniverso donde el racismo se expresa en actos (disparos al aire para ahuyentar niños) y palabras ("jugo de una negra"), sin embargo parece obvia, y aunque la primera noche juntos es antecedida por un diálogo forzado y "filosófico", la idea está claramente expuesta: la película trata de un par de personas que unen sus soledades con el fin de encontrarse un poco en ese laberinto de dolor. La escena de sexo (que será comentada, gracias a la Berry y sus atributos, obviamente, y no gracias a lo que menciono aquí) tiene un detalle inteligente y estético: el vaivén visual está filmado detrás de los marcos de la puerta y de los muebles, lo que confirma que en ese punto es sólo una catarsis y un deseo mutuo de intimidad y escape. En lo narrativo, el estilo de atrás-adelante que el director usa en ciertos momentos es original, y refuerza la idea de ese vaivén que es la vida, pero es justo esto lo que sigue representando un problema, pues aunque Hank madura (la curva de personaje es muy obvia para mi gusto, pese a estar excelentemente actuada), Leticia sigue toda la cinta en un modo flotante, de modo que aún con el final podríamos cuestionar si se trata de un encuentro elegido a voluntad (Hank sí lo hace) o es sólo una suma de detalles y el estar por perder la casa o perderla del todo. A lo que me refiero es a que la vida sigue, de acuerdo, pero los cambos sueltos no se atan en la historia, y pese a un intento de mostrarlo, el hijo de Leticia se pierde en la relación, y lo mismo pasa con el hijo de Hank, que después del brutal inicio termina siendo sólo una excusa para reforzar la unión y mostrar la realidad. En las actuaciones, Halle Berry y Billy Bob Thornton dan una lección brutal de buenos papeles (es una burla que a él no se le nominase ni por esta ni por The Man Who Wasn't There, en fin; es extraño que en ambos filmes se depile la pierna de la silla eléctrica casi con la misma toma, por cierto), y son ellos los que cargan con todo el peso de la cinta pues los planos son largos y los rostros son los que llevan la historia, mucho -muchísimo- más que los diálogos. Thornton está maravilloso. Su rostro pausado y pasivo expresa más de lo inmediato, y el personaje tiene cierto humor que no puede pasar desapercibido (el cofé lo toma negro, obviamente, y si se fijan, el helado cambia de sabor y termina siendo 100% de chocolate). El trabajo de la Berry es tremendamente bueno, y más allá de la componente histérica en el hospital o del trato en general a su hijo, es admirable (y aplaudible) la escena final, en la que su rostro es 100% el que lleva la escena, no importa quién está a su lado, no importa qué pasa, y no importa el pasado: su mirada es tan expresiva y tan compleja y profunda que hace salir de la sala con un buen gusto en la boca, y con la idea de que el precio pagado mereció la pena. En el global, si le creo a la parte de que se trata de una redención y que la soledad puede cambiar con actos, y que la madurez puede cambiar tu vida para bien, la cinta puede o no convencer, pero está bien llevada. Sin embargo, si le creo sólo a la parte racial, no me trago eso de que el sexo interracial sea la llave mágica hacia la resolución de los problemas... Hay escenas duras, el inicio mucho más duro de lo que parece al final, y hay detalles de guión que no convencerán si son quisquillosos, pero las actuaciones pagan con creces todos los fallos y valen el pago del boleto. Finalmente, un buen gesto; como se muestra en la cinta, y sea en unos escalones en la noche o en donde se sientan más cómodos, la vida puede resolverse -o replanearse al menos- con un buen helado de chocolate... Comentarios para esta solitaria pero esperanzada columna... Barcelona, Abril 2002
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Monster's Ball
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