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Una historia de suspenso que será recordada y marcará pautas en el género ![]() Newsletter
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Estás en: home » películas » película Los Otros Los Otros (The Others, Francia/España/EUA, 2001)
Por Alex
Y es que Alejandro Amenábar, a quien admiro desde Tesis, logró una obra maestra llena de atmósferas en la que, con la precisión de quien sabe cómo contar una historia, nos ofrece una visión meticulosa y estudiada donde el suspenso es constante y los temores que todos hemos tenido (la oscuridad, los ruidos en la noche, la posibilidad de que exista un "algo" tenebroso más allá de lo que podemos -queremos- creer) salen a flote y nos obligan a brincar en nuestro asiento, a maravillarnos, a reír nerviosamente, a sorprendernos, sudar frío y destilar adrenalina, pero -sobre todo- a disfrutar de una gran, gran cinta. Lo básico y que sí pueden saber ya lo hemos mencionado en este sitio: Nicole Kidman (en una actuación magistral) es Grace, una madre que vive con sus dos hijos en una casa victoriana perdida en una isla inglesa cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, y las condiciones en que vive son una pauta clara para una historia de suspenso: sus hijos tienen una enfermedad que les impide recibir la luz del sol, con lo que la casa está en penumbras permanentes, hay reglas religiosas estrictas, y el control de la casa es estricto también: ninguna puerta se abre sin haber cerrado la anterior, no habrá luces más fuertes que las velas, ni electricidad,... La llegada de nueva servidumbre a la casa alterará un poco la ya de por si alterada vida familiar, y la convicción de la hija no favorecerá nada a la calma: aparentemente, la casa tiene fantasmas, o eso es lo que ella afirma, y esto será el inicio de lo que verán... No puede decirse nada más, de modo que huyan de quien quiera contarles más que esto, y entren a la sala con la frescura y la calma que proporciona en este caso la ignorancia: les garantizo y prometo que no saldrán desilusionados si lo hacen. Amenábar, como es usual, escribió el guión y la música de la película, con lo que como director tenía toda la perspectiva de lo que quería lograr, y el resultado es una pieza delicada, detallada y magistralmente tejida, donde la luz y oscuridad, las actuaciones, los personajes, el movimiento y posición de la cámara y las notas y acordes de los instrumentos se combinan para generar una historia de suspenso que será recordada y marcará pautas en el género. El control del director es absoluto: cada juego de luces y sombras, cada serie de ruidos y de silencios, y cada detalle de la historia que se nos presenta, tiene un objetivo claro en lo que quiere que sepamos, creamos y sintamos: la tensión es creciente, con pausas adecuadas y correctamente establecidas, y la preparación para lo que veremos está increíblemente lograda. Y es que no se trata de una cinta de terror o de miedo constante, y esa es la virtud obvia e inmediata: los temores son los propios, la elegante forma de ir atando las partes es en parte clásica y en parte innovadora: la luz, que en otros filmes es la parte buena y la deseada, contra el mal o la oscuridad, aquí es un enemigo más, de modo que las penumbras y oscuridad no nos ayudan a definir lo que debemos temer y lo que no, y el ambiente es propicio para dudar y cuestionarnos sobre lo que vemos y sabemos. La experiencia es de suspenso y estética: la dirección está apoyada en forma impecable por la fotografía de Javier Aguirresarobe, y el miedo que sentimos resulta de la adecuada elección de claroscuros, movimientos de cámara, cambios de toma de abiertas a cerradas, cambios bruscos de objetos en cuadro, y composiciones correctamente realizadas: los resultados son tan efectivos que no es necesario recurrir a CGIs ni a efectos especiales digitales complejos (como es costumbre en el género en cintas recientes) y, así, la luz de una vela y una puerta que se abre o se cierra, con un adecuado soporte musical y de diseño de audio, es mucho más efectivo que cualquier cosa que pueda espantar en otros modos mucho más elaborados o costosos. El temor más que visible es sugerido: lo que verán es también lo que no verán, y el miedo es una idea que flota y se vive y respira en el aire, pero que no es explícito o directo. La virtud es entonces el jugar con las ideas y la forma de percibir que tenemos, y así todas las piezas de esta composición nos conducen a entender y a maravillarnos.... El miedo es psicológico y además explota los temores básicos (¿quién no temía o teme a la oscuridad?, ¿quién no temía o teme a los sonidos de la madera que cruje en las casas antiguas?), lo que hace terriblemente (nunca mejor usado el adverbio) efectivas las secuencias que aparecen... Nicole, les adelanto, ofrece un rol que será recordado y alabado por muchos, y en general los personajes apoyan las ideas que Alejandro nos quiere mostrar, de modo que el resultado es una grata, muy grata experiencia total... Entrada a Hollywood no sólo con pie derecho sino con fanfarrias, contratos millonarios seguros, y muchos, muchos guiones y opciones para este virtuoso director que se ha ganado con creces el aplauso -de pie- de muchos, y que con esta obra se lo ganará de parte de Los Otros que no lo habían apreciado aún. La cinta es tan buena que "los sustos" tan bien logrados lejos de reclamarse hasta se agradecen... no es miedo de aterrorizar el 100% del tiempo, pero tendrán suspenso y temor garantizados, cuidado con su compañero de asiento al brincar un poco... o un mucho.... Una obra maestra. Vayan y disfruten... Comentarios para esta asustadiza y fanática columna, invitaciones al cine, a cenar... Barcelona, 07 Septiembre 2001
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Los Otros
(The Others)
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