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Allí entre las sombras vive un hombre tachado de monstruo, ocultando su rostro por la sombra. Jamás tocado por otra mujer que no fuera su madre, Erik está a punto de enamorarse. Erik, mejor conocido en la superficie como El Fantasma de la Opera. ![]() Newsletter
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Estás en: home » películas » película El Fantasma de la Opera El Fantasma de la Opera (The Phantom of the Opera, EUA, 1990)
Por Luis Musicalmente romántica. None of us can choose, where we will love Erik (del libro Phantom, de Susan Kay)
Arriba, el majestuoso e imponente santuario diseñado por Charles Garnier en el siglo XIX; glamour que sube sofisticado por las escalinatas; música que flota suave sobre el escenario; elegancia y lujo que penden del cortinaje; altivez de los dioses esculpida en la estatua de Apolo que corona el maravilloso edificio; talento cotizado en millones de francos en cada diva; especialmente en una de ellas, de cuna humilde pero de voz prodigiosa; su encanto y efluvios pronto habrán de desatar una serie de acontecimientos terribles por los que la Casa de la Opera se volvería espectralmente famosa; ella, la dulce Christine. Abajo, en los sótanos, un laberinto húmedo de oscuridad; sospecha funesta de cuevas que fueran cámaras de tortura en el París comunal; el silencio enmarañado en los muros, la soledad escurriéndose por los sótanos y aún más abajo, hasta el lago subterráneo; posiblemente parte de un antiguo sistema subterráneo que recorría la ciudad, como describiera Victor Hugo en Los Miserables. Allí entre las sombras vive un hombre tachado de monstruo, ocultando su rostro por la sombra. Jamás tocado por otra mujer que no fuera su madre, Erik está a punto de enamorarse. Erik, mejor conocido en la superficie como El Fantasma de la Opera. Hay una magia inmortal en la novela de 1911 de Gaston Leroux, que no permite olvidar al mundo la historia del fantasma enmascarado y el amor obsesionado por su musa. El cine también se ha enamorado del horror, el romance y el misterio de este relato; lo ha filmado incontables veces, desde los inicios del séptimo arte en la inolvidable versión de 1925 que inmortalizara a Lon Chaney, (el camaleón histriónico que alguna vez también interpretara a Cuasimodo), y hasta nuestros días, con los proyectos de traerla de vuelta a la pantalla. ¿A qué se debe la magia de esta novela ? Tal vez a que en el texto original de Leroux, él mismo afirme que el Fantasma sí existió y precise con datos históricos verificables, el rapto de una cantante Christine Daaé y la desaparición misteriosa del Visconde de Chagny. O quizás simplemente a que nos encanta escuchar una y otra vez, bajo distintas perspectivas, el relato fantástico de la bella y la bestia. Brevemente definiré la trama para los no familiarizados con el clásico. Erik es un hombre deforme que vive en los sótanos de la Opera de París; los ruidos que produce por las noches y algunas apariciones esporádicas le han ganado la fama de un fantasma. Cuando Christine Daeé llega con sueños de convertirse en cantante, él se enamora perdidamente. Oculto detrás de una máscara logra entablar una relación (descrita de distintas formas en cada versión). Erik le enseñará entonces las artes de la ópera y el bel canto, formándose así un vínculo extraño y sui generis. Vínculo que se ve en peligro de ser roto, cuando un antiguo pretendiente de Christine llega a la Opera, el Conde de Chagny. Es entonces que despiertan los instintos más básicos de Erik por defender lo que considera suyo y no se detendrá ante nada para conseguirlo. En esta adaptación libre, se respira un aire de amor y melancolía; una profunda admiración por parte de Christine hacia Erik, el Fantasma, su mentor; y por otro lado, una atracción física emergida de un recuerdo de la infancia, hacia el Conde de Chagny. Una historia de misterio, como lo demanda su naturaleza, pero delicadamente permeada por un romance que se ve, se vive, se siente. Debo resaltar que ésta es la única versión de El Fantasma de la Opera que se ha filmado en la Opera de París, por lo que la fotografía de Steve Yaconelli es por sí misma, muy poderosa. Para los no familiarizados con el nombre les diré que Yaconelli fue uno de los directores de fotografía de otro clásico de horror, la sangrienta Bram Stoker's Dracula (1992). En medio de una narración seductora, el legendario Burt Lancaster alcanza un nivel memorable como el único amigo y lazo que tiene el Fantasma con el mundo exterior; su actuación le valió el reconocimiento de la crítica internacional y la nominación al Golden Globe; en el rol de Christine la delicada Teri Polo nos muestra como en ninguna otra adaptación, el conflicto interno que la diva tiene para definir su amor, debatiéndose entre el deseo físico y la entrega espiritual; finalmente, Charles Dance se luce ante la cámara pese a nunca mostrar su rostro, interpretando a un fantasma menos asesino y mucho más sentimental; un hombre, capaz de emociones humanas tan intensas como el amor y el sacrificio, un alma, ataviada simplemente por una deformidad física y una fama fantasmal. Esta versión, dirigida por Tony Richardson, quien deja ver toda la influencia pasional de los clásicos de Shakespeare (Richardson filmó también Othello en 1955 y Hamlet en 1969), se convierte en una realización que explora maravillosamente los vericuetos emocionales del ser humano. El amor, los celos, el odio, la posesión, el sacrificio son analizados con el poder mágico de la cámara. El guionista Arthur Kopit no cuenta nuevamente la historia por todos sabida, pues el libro original narra los acontecimientos cuando Erick y Christine ya mantienen una relación. Aquí, Kopit nos muestra cómo se da ese primer encuentro y explica la razón por la cual, pese a su terrible deformación en el rostro, Erik puede ser amado por su musa. La trama entonces, para buena fortuna nuestra, no toma el camino orginal, sino que crea uno propio para definir muchas de las cosas inexploradas de la historia de Leroux. Debo añadir que Kopit, según sus palabras, escribió su línea argumental en los inicios de los ochentas e inicialmente serviría de base para un musical aún antes que Lloyd Webber estrenara su fantástica obra en Londres en 1986. Sin embargo, diversas situaciones le llevaron a cancelar el proyecto hasta que la NBC se interesó en él y convirtió su material en esta película, que más tarde también tendría su puesta en escena en 1991 en el Houston's Theater bajo el simple nombre de Phantom. Pese a haber sido una película desarrollada para la TV, la realización tiene una calidad notable no sólo visual sino auditivamente, ya que cuenta con música de Fausto, La Traviata y Norma. Todos estos atributos se conjuntaron para que The Phantom of the Opera fuera nominada como la mejor película para la televisión en la Entrega de los Golden Globe de 1991. Personalmente conozco muchas versiones de El Fantasma de la Opera, pero eso será material para un análisis más profundo de la obra que dejaré para otra ocasión; sin embargo, debo decir que ésta y la puesta en escena del genio Lloyd Webber son las mejores realizaciones, o por lo menos, las más cercanas, si no a la trama, sí al espíritu original de la obra. Nos videamos. Ciudad de México, Agosto 2002
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El Fantasma de la Opera
(The Phantom of the Opera)
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