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Una cinta poderosa, visualmente impactante, y fiel a la esencia de la historia original. ![]() Newsletter
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Estás en: home » películas » película La Guerra de los Mundos La Guerra de los Mundos (War of the Worlds, EUA, 2005)
Por Alex La invasión ha comenzado...
¿Alguien dijo Spielberg?, ¿alguien dijo Cruise? El clásico de la ciencia-ficción está de vuelta, invasores extraterrestres y destrucción incluidos. La Guerra de los Mundos ha comenzado. Adelantada gracias a ciertas pausas en las apretadas agendas del director y del actor principal, el estreno planeado para el 2007 se rodó en tiempo récord de 10 semanas, enteramente en digital, con alto presupuesto (más de 120 millones de dólares), y la sincronía permitió que se repitiera la mancuerna exitosa (y éxito$a) de Minority Report, trayendo el proyecto a este verano, para el gusto de fans, seguidores de la ciencia-ficción, detractores, y aficionados a los blockbusters estivales. Ya lo sabíamos: el verano fílmico arderá, con la llegada de una cinta que levantará pasiones, ingresos millonarios, ataques sin piedad, y todo el hype asociado al dúo que respalda el proyecto. Como es sabido, la novela La Guerra de los Mundos de H.G. Wells tiene en su haber varias adaptaciones (la más famosa, sin duda, la obra de radio del Mercury Theater, dirigida por Orson Welles, quien aterrorizó a su país por completo con la recreación), incluyendo una versión fílmica de 1953 (dirigida por Byron Haskin), una serie televisiva de los 80’s, una serie de comics (de la Marvel) en los 70’s que trataba de un personaje vinculado, y un largo etcétera. Es decir, el reto no era simple aún con los dos apellidos respaldando la idea. ¿La parte buena de todo esto? La espera habrá valido la pena para los aficionados de la ciencia-ficción en la parte de invasión y muestra en pantalla del evento, al mismo tiempo que los seguidores de visuales y FX destructivos tendrán suficiente para quedar conformes. ¿Lo cuestionable? La cuestión familiar como eje y motor de la trama narrada en la invasión complica la ubicación real de la experiencia para los que no deseen ver el drama familiar. Mientras que la invasión queda plasmada con el estilo inigualable –e incuestionable- del genio, la trama -americanizada- será observada con recelo por parte del resto del mundo, que probablemente no se identificará al 100% con muchos de los planteamientos y situaciones plasmados en la familia y protagonistas. Comencemos por la trama de La Guerra de los Mundos: Ray Ferrier, clase media, egoísta, divorciado. Su hijo adolescente y su joven hija no tienen la mejor opinión de él. ¿Qué puede ser peor? Quizá lo inexplicable, lo inesperado. Su barrio, completo, está a punto de se destrozado. Una invasión extraterrestre amenaza con destruir a los habitantes de la Tierra. Caos. Destrucción, éxodo. Un viaje hacia un sitio seguro no es una tarea fácil cuando la violencia y la destrucción son lo único alrededor nuestro, cuando las fuerzas que acosan a los humanos quedan más allá de la lógica, de la comprensión simple, de lo ordinario. La historia, buen elemento narrativo y con buena presentación de personajes (la secuencia de los lanzamientos de baseball es muy lograda, en términos de las emociones recalcadas en pocas frases), tiene en si misma la virtud del enfoque personal y no la visión externa y ajena en lo emocional, pero al mismo tiempo el defecto asociado: el evento es observado desde la perspectiva de una familia específica, y eso acarrea el dilema al guionista de mantener centrada la atención en el protagonista, lidiando con la dosis justa de extraterrestres e invasión, manteniendo la coherencia en términos del actor principal y su omnipresencia en las tomas. Aún la situación de refugiados y de caos aparece siempre asociada a un grupo concreto de personas, lo que limita en cierto modo el dolor global, canalizándolo a una situación concreta (el padre divorciado que ama a sus hijos aunque no sepa expresarlo o demostrarlo). Padres e hijos, temática permanente de Spielberg, sí, pero aquellos no tan familiarizados con estas ideas, y quienes buscan más de todo lo demás (destrucción, vehículos trípode, tentáculos), no lo tendrán tan simple en la digestión final de lo que se muestra en pantalla. En lo técnico y en la realización, toda alabanza es limitada: Spielberg nació para hacer cine; tiene la cámara integrada en la mirada y el trabajo digital (obviamente de la empresa de Lucas, IL&M) permite observar cosas tremendas, apoyadas con situaciones “reales” muy trabajadas (la secuencia con el avión es soberbia, y cabe resaltar que el avión es real, se compró sólo para trabajarlo y mostrarlos como aparece), y con una cátedra de miradas y trabajo expresivo en la dotada niña actriz (la siempre impresionante Dakota Fanning) y el muy convincente protagonista. El equipo técnico es el habitual de Steven, de modo que la comprensión entre realizador y técnicos/fotógrafo es simple y fluida, y se nota. El diseño de producción, magistral, nos muestra los vehículos invasores en una forma muy fiel a la de la novela, lo que los seguidores agradecerán. La virtud de la historia es el tipo de sensaciones que provoca: la narración gradual de la invasión, con el inicio destructivo, quita el aliento y es sólo una breve antesala para momentos emocionalmente firmes, que narran con oscuridad y sin miramientos cómo sería lo descrito en la novela si sucediera el día de hoy, y cómo podría mirarse desde la perspectiva de alguien que lo vive de cerca. El caos humano es secundario pero fuerte, apoyando con solidez la realidad descrita: la pérdida del control de la especia dominante, la pérdida de lo que uno cree permanente y tiene por sentado. La gradual muestra de los vehículos invasores y sus tripulantes es una virtud redonda: el miedo o temor es nutrido por nuestras propias expectativas, nuestro propio imaginario personal. El secundario eventual (Tim Robbins) apoya ciertas ideas (aunque tras su aparición se pierde el ritmo y la trama muestra claramente el hilo principal familiar), pero queda un poco fuera de sitio, además de sobreactuado. La música de John Williams, quizá muy cerca de algunos leit-motiv suyos, apoya con soltura lo visual, y respalda con su estilo propio lo que vemos: la combinación es, en momentos, impactante en extremo, y bastan percusiones y cuerdas graves en alta velocidad para contagiarnos de todo aquello que pasa ante nuestra mirada receptiva. Muchos la considerarán, seguro, entre lo mejor de Spielberg. Muchos otros, aquellos incapaces de hilar el libro original con el mundo descrito en la pantalla, quizá tomen el lado detractor, y cuestionen la adaptación o su final -en lo asociado al padre de familia, y no en el final de la invasión-, pidiendo un poco más. Comentarios para esta columna a la que caen rayos en el mismo lugar... Barcelona, 27 Junio 2005
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La Guerra de los Mundos
(War of the Worlds)
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