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Lucas ha cumplido la profecía: ha traído el equilibrio a la Fuerza.
 
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Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith
(Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith, EUA, 2005)

[Ver Ficha Técnica] (Ver Ficha Técnica)

Por Alex

Sinopsis  Tras largos años de lucha, las Guerras Clónicas están por terminar. El Consejo Jedi ha enviado a Obi-Wan a llevar a la justicia al General Grievous, el mortal líder del ejercito androide separatista. Al mismo tiempo, en Coruscant, Palpatine ha crecido en su poder, con cambios que llevan la República a convertirse en el Imperio Galáctico. Palpatine, además, revela a su aliado más cercano -el joven Anakin Skywalker- la verdadera naturaleza de su poder y le ofrece los verdaderos secretos de la Fuerza para atraerle al lado oscuro.

Profecía cumplida

Esta vez no es la excepción: de nuevo me enfrento al hecho de no saber por dónde se empieza, cómo se ordenan las ideas y sentimientos para hablar con objetividad de un evento que forma parte de un algo tan grande, de algo con lo que crecí, de algo que motivó en parte mi pasión desmedida por el cine... ¿Cómo se expresa con palabras algo como la sensación que queda tras los créditos finales del cierre de una saga que marcó a una generación completa, y que continúa haciéndolo, ilusionando a millones de personas?, ¿Cómo expresar este cúmulo de ideas y de emociones que me invade tras haber sido testigo del último Episodio?...

En síntesis, La Venganza de los Sith es una joya, un espectáculo completo, abrumador, una de las mejores experiencias en cine que he tenido en mi vida completa; un bálsamo, una maravilla de imágenes y emociones, un tributo a la saga (aún siendo parte de la misma), un logro que quitará de golpe todos los velos oscuros y todos los miedos o expectativas negativas.

Star Wars Episodio III: La Venganza de los Sith no es sólo un cierre de trilogía o una cinta grande, sino una pieza importante -vital- de un todo tan amplio que resultaría imposible tratar de definirlo. La Venganza de los Sith es el último engrane de una maquinaria complicada, el motor y desencadenante de todo lo que conocíamos de la trilogía original, y el cierre y equilibrio de un mundo descrito en seis entregas y casi treinta años de trabajo.

Esto es justamente su primer gran mérito: todos sabíamos quiénes mueren, quiénes viven, quién se transforma en Vader, cómo sucede, quiénes están implicados, y qué sucedería con el resto de los personajes. Aún así, la cinta nos toma desde su comienzo y no nos suelta, sacudiendo cada parte de nosotros, golpeando nuestras emociones, ofreciéndonos el episodio más doloroso de la saga, el más completo en términos de ubicar emociones y situarnos en un punto de unión hacia las otras cintas.

Lucas, a su modo, con esta cinta se ha vengado de los detractores, de los faltos de fe, de quienes desesperaron en demasía con el rumbo incierto y los recursos de los dos previos episodios, y nos ofrece un regalo que no sólo dignifica su trabajo y su visión completa, sino que resulta ser, en pocas palabras, la cinta que los fans esperaban, la que la crítica ácida necesitaba como bofetada con guante blanco, y la que los seguidores de la saga anhelábamos. Una cinta de unión, con acción casi sin pausas, con personajes nuevos y viejos conocidos, y con un hilo conductor que -¡por fin!- nos cierra un círculo que permite comprender las dos cintas anteriores como parte real de la magia que vimos en las tres originales.

Desde un inicio donde vemos naves y batallas en modos que jamás habíamos antes, Lucas nos lleva con firmeza hacia las emociones más explícitas y abrumadoras en este universo de androides, humanos y seres espaciales. La secuencia de apertura, soberbia en lo visual (una muestra de lleno de que esta entrega tiene acción y no se anda por las ramas) acompaña lo que el texto desplazándose ya nos anuncia: es trabajo de Obi-Wan y Anakin el rescatar a Palpatine de las manos de Grievous, lo que se traduce en un pretexto perfecto para recordar que Obi-Wan no disfruta volando, y que el mundo digital que resulta de las empresas que Lucas creó para estos fines tiene su razón de ser: jamás habíamos seguido tan de cerca a los pilotos, jamás habíamos viajado así con la cámara, y todo en una coreografiada danza de explosiones, naves combatiendo, y misiones imposibles.

¿Lo mejor? ¡Que es sólo el comienzo!. Lucas abre con una secuencia que desencadena los inicios de la trama oscura de la cinta, en una primera batalla con espadas láser donde tenemos un nuevo enemigo en pantalla junto con otros conocidos, y todo con la dosis habitual de humor-androide con un R2-D2 que combate a su modo, o un Grievous cuyo modo de caminar muestra que la lección fue aprendida, y que Jar-Jar sólo era un ensayo para caracterizar digitalmente a un ente con personalidad.

Breve pausa, como son breves todas las partes “lentas” de esta historia, y todo comienza a tener sentido: los Jedi tienen más de un problema, Anakin es presa fácil (para los puristas, quizá demasiado fácil) de un Palpatine tremendo (actuación soberbia de Ian McDiarmid), y todo indica que lo inevitable se aproxima: los Sith tienen planes para una venganza épica y milenaria (anunciada desde el Episodio I, por Darth Maul) y la Fuerza tendrá su equilibrio completamente roto con las acciones llevadas a cabo por un alma en conflicto. Todo un complejo grupo de ingredientes para explotar al máximo el significado de Star Wars, esa galaxia de planetas distantes, de seres y planetas sorprendentes.

Así, el momento de la saga en este episodio nos lleva a mundos desconocidos y a sitios recurrentes, con lo que podemos disfrutar de sitios como Kashyyyk (el mundo donde viven –y combaten- los Wookies), pasando por el trágico Mustafar (el planeta volcánico donde Anakin se bate a duelo con su mentor) o por Utapau (duelo de Obi-Wan y Grievous), y volver a sitios conocidos como Alderaan, Coruscant o Naboo. La venganza en pleno, contra los Jedi, nos permite además vislumbrar trazos de sitios como Mygeeto, Felucia o Cato Neimoidia, entre otros lugares. Es decir, los fans, el universo expandido y el mundo comercial de Lucas tiene nuevas ventanas y nuevas opciones, junto con un trabajo digital excepcional (el diseño de producción es excelso por donde se mire) que da libertad a Lucas para mostrar los mundos que concibió como parte del todo.

En lo técnico, además de la componente virtual (personajes, fondos, batallas, cámara) está la parte sonora, y aquí el mérito es permanente: desde sonidos clásicos como las naves y los sables láser, hasta descriptores concretos de batalla, ejércitos, mundos y movimientos. Todo está aquí, incluyendo el casco de Vader y el efecto respiratorio potenciado, junto con la música que eriza la piel del más insensible.

Sobre la música, uno de los elementos más (re)conocidos en la saga, el soundtrack del Episodio III es uno de los responsables de maximizar las emociones y catapultarlas a los límites de esa galaxia lejana en espacio-tiempo; las notas y temas conocidos se mezclan con un score poderoso, cuyo mérito máximo no es la innovación sino la integración y mezcla de los tonos de las dos entregas previas, y de las tres siguientes a este lapso descrito. El tema de la Fuerza, constante, acompaña al tema de amor, narrando claramente que los dos motivos son el motor real de la historia narrada: una historia de amor, en muchos niveles y lecturas, que termina con la búsqueda de equilibrio en la Fuerza, ese motor y componente de la vida, de lo que nos rige, de lo que nos define.

Retomando la parte de análisis y crítica, puedo usar los criterios convencionales y destacar que la constante de la saga se mantiene tal cual: hay poco sitio para histriones, y la historia pesa más que la capacidad del actor o actriz, es decir, se trata de un mundo donde las emociones de la historia no están del todo en los diálogos (sí, sí, los puristas y los amargados dirán que el guión y sus diálogos no están muy trabajados), y eso lleva implícito el hecho de que hay partes en donde las frases resultan más creíbles por la saga que por el rol. Así, el papel de Anakin (Hayden Christensen) convence más por el personaje que por su actuación per se, y la verdad es que Padmé (Natalie Portman) perdió fuerza cediendo por completo la relevancia de su rol al hecho esperado de procrear a los gemelos. Mace Windu (Samuel L. Jackson), por dar otro ejemplo, se enfrenta a un destino doloroso en más de una lectura, lo que le salvará un poco tras dos episodios donde se le cuestionó hasta el hartazgo. La historia pesa tanto, junto con el rodaje digital, que este tercer episodio tiene valía como producto único, pero requiere la revisión completa de los otros cinco para comprenderse (y disfrutarse) en su totalidad.

Explícita, sin concesiones, en un punto en el que resulta comprensible la insistencia de un amor naciente en las entregas previas, y con secuencias vibrantes junto con momentos más cercanos a lo poético (las decisiones de Anakin, al rendirse a Darth Sidious), La Venganza de los Sith es un conjunto explosivo, una cinta de acción y aventuras en su sentido más épico, y una lección con moralismos en donde la pérdida de la inocencia es absoluta, y la redención no llegará pronto, no en este episodio. Duelos de emociones, decisiones, y un marco en el que un hombre se enfrenta a las elecciones entre la disciplina y lo que su corazón ansía, junto con la base de códigos que no deben romperse. En medio de lecciones políticas paralelas, la caída de Anakin es sólo una de las fases de todo proceso clásico, donde el héroe es redimido sólo hasta que ha caído a lo más bajo de su viaje, al punto donde no hay regreso posible, donde las emociones lo controlan todo. Sí: aún los Jedi tienen emociones, y aún el más poderoso de todos tiene un corazón capaz de hacerle cometer locuras, capaz de albergar la insensatez, y de tirar todo por la borda en un momento brevísimo.

Las respuestas están en la mesa, y desde el rostro desfigurado de Palpatine hasta lo que ocurrió en verdad con los Jedi está aquí, y llegó con tal fuerza que pocos podrán evitar la sensación de dolor, la sensación de saber que todo pasa como debe de pasar, pero sabiendo que la transición es dolorosa. Otro mérito de la cinta, atraparnos en un personaje que cae, y que en su caída coloca al Emperador como un enemigo más mortal de lo que imaginábamos, en una venganza cruel y despiadada. Un festín de emociones, un momento que entra de lleno a competir por el sitio de honor en términos del impacto emocional de la audiencia.

¿Tiene errores la cinta? En efecto, como en toda la saga hay algunos hilos mal cosidos, y algunas imágenes con menor mérito que el esperado; los diálogos y la dirección de actores nunca han sido el fuerte de Lucas, pero hay que reconocer que la acción y el drama son tan intensos que esta vez son pocos los diálogos, y los que son relevantes están enmarcados con tal fuerza visual y tales momentos del proceso/caída de Anakin que todo queda de lado. Hasta los recursos excesivos (parte del merchandising) como peculiares animales de monta o diminutos androides voladores enemigos, son parte de un mundo que se especializó en vender juguetes junto con la venta de ilusiones en pantalla.

En todos los casos, el conjunto visual resulta tan espectacular que cualquier exceso se pierde en un mundo tan complejo y tan lleno de planetas, personajes y tramas simultáneas. Ante tal muestra de talento, y tal cantidad de sensaciones, en verdad que uno necesita estar muy amargado como para detenerse a analizar con odio los diálogos románticos, o la forma fugaz con la que se seduce al joven Jedi. La cinta es para disfrutarla, para analizarla pero sin odio, sin esa vía al lado oscuro descrito en su interior.

El cierre, con todo y ese look retro (que en realidad es un paso al futuro) nos acerca al mundo de enemigos futuros, donde una Estrella de la Muerte o un Coronel Tarkin nos dejan un contexto familiar, en el que una Nueva Esperanza aparece como un par de semillas, dos hermanos cuyo destino conocemos. Para quien busca detalles memorables y más cerebrales, es necesario revisar la última frase de la cinta y los implicados, un eslabón más que perfecto, guiño incluido, hacia el otro inicio desde este final; hacia el inicio de ese Episodio IV que logró cambiar la forma en que el mundo vive las cintas del espacio.

Si quieren evaluar la cinta como una sola entrega, quizá no es un logro perfecto, pero dentro del grupo de la nueva trilogía no deja duda alguna de que supera por mucho a sus predecesoras (sigo defendiendo al Episodio II, de modo que sólo puedo decir que la tendencia a mejorar se ha mantenido y ha crecido a niveles impresionantes, mágicos) y es la mejor de las tres. Si ampliamos esta ventana a la saga completa, se trata de una cinta unificadora, un eslabón perfecto hacia lo que conocemos y amamos, y un digno episodio de una saga. Me atrevo a decir que está en un nivel tan alto que podría competir aún con El Imperio Contraataca o La Guerra de las Galaxias en las preferencias de los seguidores. ¡En verdad!, no es el fan que llevo dentro el que habla; la cinta es sobresaliente, tremenda, y el desarrollo -aún con las fallas- es tan redondo que resulta imposible no verlo y admirarlo. Dentro del todo, y aún teniendo en cuenta sus errores, se trata de una obra maestra, por donde se mire. La nota perfecta se la lleva no por su valía única, sino por la forma de hilar dos mundos que en un momento se creyeron opuestos, dos trilogías que dieron tanto de qué hablar en las comparaciones, y que causaron a Lucas tal serie de ataques y cuestionamientos en las dos entregas anteriores.

Sea que Lucas escuchó –por fin- a los fans, o que simplemente planeó un crescendo emocional en la nueva trilogía, el resultado es el mismo: la espera ha valido la pena, las respuestas (casi todas, al menos) están en la mesa, y la Fuerza lo invade todo. Absolutamente todo. La saga está completa, el mundo tiene un clásico que compartir para siempre, el cine tiene un logro titánico que sólo un visionario y soñador como George pudo lograr, y guste o no a los más amargados, se trata de una saga cuyo lugar en la Historia de la humanidad está más que ganado. Un proceso de 30 años ha llegado a su fin.

El cierre de la saga marca una parte tan grande de lo que muchas personas somos que resulta imposible no sentir congoja, no sentir el dolor ante el evento, y derramar incluso lágrimas (de alegría o tristeza, da igual), al menos en nuestro interior, ante lo que significa este momento. Queda el 3D, quedan las series animadas y quedan proyectos en el tintero pero, de momento, este Episodio representa un cierre y esto deja una sensación compleja, tan compleja que no gastaré más letras en tratar de describirla. Sé que muchos entienden de lo que hablo, o lo entenderán al ver la cinta, al experimentar el dolor de las muertes Jedi, el dolor de Obi-Wan, el dolor del mismo Anakin en su caída y último duelo con cuerpo humano...

George Lucas ha cumplido la profecía: ha traído el equilibrio a la Fuerza. Sólo nos resta darle las gracias, y hacerlo con honores. Con todos los honores posibles.

La Fuerza está contigo, George.

Que la Fuerza esté con ustedes. Siempre.

Comentarios para esta columna que ha recuperado su equilibrio...


Barcelona, 13 Mayo 2005 


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  Ficha Técnica
Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith
(Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith)

País de Producción de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith EUA
Año de Producción de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith 2005

Director de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith George Lucas 
Guión de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith George Lucas
Reparto de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith Hayden Christensen, Natalie Portman, Ewan McGregor, Samuel L. Jackson, Ian McDiarmid

Género de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith Acción, Ciencia Ficción
Estudio de Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith 20th Century Fox

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Star Wars: Episodio III - La Venganza de los Sith
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Fechas de estreno
Fecha de Estreno en EUA 19 Mayo 2005
Fecha de Estreno en España 19 Mayo 2005
Fecha de Estreno en México 19 Mayo 2005

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