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Mamiti tena una forma simple de vivir: desvivirse por otros, prcticamente desvivirse por todos.
 
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Mamiti
Un texto personal

Por Alex

Mi abuela paterna no pareca la abuela clsica de cuentos y pelculas, con cabellos blancos y sonrisa cansada. Sin embargo, su actitud en ocasiones s era parecida a la del mundo de ensueo y fantasas, con toques de chocolate, de galletas y de repostera; de gelatinas con forma de animales, que vivan sobre csped de gelatina verde en los cumpleaos de hace muchos aos, y que convivan con miles y miles de galletas a lo largo de cada Navidad, con guisos y con platillos que ponan, en cualquier excusa y en cualquier da de visita, una sonrisa inmediata en la boca de quien los reciba.

Una sonrisa reflejada, quizs de la que Mamiti pona al preparar los platos, quizs de la que pona al pensar en el efecto provocado, en un imaginario simple asociado a saberse maestra y ama de sus dones, de un toque culinario con dotes inalcanzables para la gran mayora de las personas, de dotes en cada calcetn invernal, en cada pieza de ropa que cosa o bordaba, en las tazas de caf recin hecho, en los platos y pasteles que ya no probaremos.

Educada con nociones que hoy son algo antiguas y hasta primitivas, Mamiti tena una forma simple de vivir: desvivirse por otros, prcticamente desvivirse por todos. Querer; querer a su modo, con fallos y aciertos, pero querer, querer mucho. Querer en cada hilo, en cada corte, en cada grano de sal, de azcar, de azcar glass, de miel, de guisado, de aceite, de manos cuyos dedos se desviaron por aos y aos de trabajo no siempre valorado, de aos y aos de cocina y de lavar trastes, de aos y aos de querer con las manos, de querer con su voz, de querer con fallos, con errores; de querer con su mirada dulce pero poderosa, con esos ojos que lloraban o sonrean con intensidades de esas que slo tienen las abuelas, y aqu si podemos incluir a las abuelas de los cuentos y pelculas.

En vida pude decirle que la quiero, pude decirle que valoraba lo que haba sufrido, lo que haba tenido que soportar con entereza durante gran parte de su vida (y toda la ma), y pude tambin decirle mucho de lo que no me pareca de sus acciones y sus decisiones. Sin embargo, nunca es suficiente, y hoy estoy haciendo pblico un poco de lo que su muerte representa.

Mamiti: te qued a deber las fotos de galletas y postres que ya no probars, te qued a deber sonrisas y ancdotas de viaje, azafrn, aceitunas y un poco de especias de otros sitios; te qued a deber un brindis, o dos, o tres, y un poco de amor. Te qued a deber en tiempo cada vez que cortabas rpido la llamada transatlntica para que yo no gastara; te qued a deber ms "te quiero", ms invitaciones a cenar, y muchas ms llamadas, mucho ms de esos recuerdos desfasados pero comunes; te qued a deber hablar ms del Parque Mara Luisa sevillano de tu memoria, de la comida que he podido probar en otros sitios, de lo que he podido ver; te qued a deber las berenjenas a la parmesana, preparadas, y te qued a deber las conservas de esta Navidad. Te qued a deber mucho, mucho, y los recuerdos de hoy me ponen a pensar en que, si sirve de consuelo, no hubiera podido pagarte nunca todo. El aroma a chile con huevo de ese sitio donde guardo en mi mucho de ti, no tiene precio; y mis pasteles y cenas especiales, hechos con dinero que s que no siempre tenas, me tienen cuestionando muchas decisiones, y dndote las gracias de algn modo.

Mamiti est ya sin estar; descansa y sonre en otro sitio, comiendo bien y pidiendo la receta, indagando, quiz hasta hablando de ms; pidiendo detalles, opinando, cuestionando, pero sonriendo. Sonriendo, mirando con gusto, y sabiendo que dio todo y luego ms, que dio todo lo que tuvo y todo lo que pudo, para pausar y dar todava ms. Sonriendo, eso s, sonriendo, y preparando todo, diseando algn men, preguntando qu querr comer la prxima vez que nos veamos, y sonriendo al hacerlo. No tengo duda alguna.

In Memoriam
Virginia Mora de Ramrez


Barcelona, 15 Julio 2005 

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